El Miedo (I): ¿qué es?

¿Qué es el miedo?

¿Qué es el miedo?

El miedo es una de las seis emociones básicas que identificó en la década de 1970, Paul Eckman: sorpresa, ira, alegría, miedo, tristeza y asco. Estas emociones son prácticamente universales y las manifestamos todos los seres humanos.

Así que: todos, a lo largo de nuestra vida, vamos experimentando miedo. La diferencia está en que algunos hemos aprendido a hacer de nuestros miedos nuestros mejores aliados y otros, deciden que el miedo los domine y los limite, los paralice, evitando que hagan realidad sus sueños.

Sigmund Freud clasificó el miedo en real, cuando su dimensión está en correspondencia con la amenaza; y neurótico, cuando la intensidad del ataque de miedo no tiene ninguna relación con el peligro.

A veces, nuestras reacciones no se corresponden con lo que estamos enfrentando y se trata de pensamientos irracionales que se apoderan de nosotros, perdiendo el rumbo o generando actitudes que evitan que avancemos en nuestra vida, vamos, en otras palabras: nuestros pensamientos sabotean nuestros planes. ¿Te das cuenta? Son nuestros pensamientos con respecto al miedo los que nos limitan, no el miedo en sí.

El miedo y nuestros pensamientos

El miedo y nuestros pensamientos

Características del miedo.

  • Es una emoción muy desagradable que genera ansiedad y angustia.

¡Claro! A nadie le gusta experimentar “miedo”, es horrible, pero lamentable o afortunadamente, es la única emoción que nos ha ayudado a sobrevivir como especie, gracias al miedo, desde la prehistoria, el Homo Sapiens Sapiens ha perdurado hasta nuestros días como especie.

  • Se activa ante cualquier situación o ambiente que sea amenazante.

En cada uno de los hemisferios de nuestro cerebro, existe una estructura en forma de almendra que se llama amígdala, mejor conocida como “el centro del miedo”, que en realidad, según los estudios de Ahmad Hariri, profesor de Psicología y Neurociencias de la Universidad de Duke, es el centro de la anticipación, ya que la amígdala te prepara para reaccionar, incluso antes que otras partes de tu cerebro puedan discernir si necesitas tener miedo o no, frente a cualquier tipo de amenaza.

  • Despierta todos los sentidos.

Así es, tu cuerpo reacciona frente a la alerta que emite la amígdala: aumenta tu presión arterial, la velocidad de tu metabolismo, la glucosa en la sangre, detiene las funciones no esenciales de tu cuerpo, aumenta la adrenalina, la tensión muscular, tu respiración, se dilatan las pupilas y se abren más los ojos, en caso de mucho peligro o amenaza, se desactivan los lóbulos frontales de tu cerebro y pierdes el control sobre tu conducta.

  • Pone al cuerpo en modo evitación, protección, escape o ataque.

Una vez que tu cuerpo está listo para reaccionar, dependiendo de las circunstancias amenazantes que estés experimentando, tu tenderás a evitar, protegerte, escapar, adaptarte o atacar; sin embargo, también puede existir el caso en el que este miedo te paralice y seas incapaz de reaccionar.

  • Provoca una sensación de indefensión y vulnerabilidad.

Por supuesto. Esta sensación se genera porque de manera automática, nuestro cerebro recibe la señal de alerta de la amígdala y se desata una enorme lista de razones por las cuales es mala idea quedarnos frente a la amenaza, brotan de nuestro inconsciente todas nuestras inseguridades, por lo que aumenta la sensación de estar indefensos y sentimos un bloqueo frente a eso que nos amenaza, creyendo que sabe que somos vulnerables (nos estamos exponiendo).

  • Hace que las personas entren en acción o se paralicen.

Una vez que estos microsegundos han transcurrido, toda la información se vuelve a procesar en tu cerebro y hay dos salidas: o entras en acción o te paralizas. Las personas que deciden entrar en acción, han aprendido que gracias al miedo logran ser más precavidos y vivir la vida que han soñado. Pero también existe la posibilidad de que el miedo se apodere de ti y que, como consecuencia, seas incapaz de vivir la vida que has soñado.

¿De dónde vienen mis miedos?

Nuestros miedos no surgen nada más porque sí, todos se manifiestan cuando el entorno nos hace sentir inseguros o amenazados. Pero hay ciertos miedos que compartimos, de manera general, casi todos los seres humanos: a la muerte, a envejecer, a las enfermedades graves, a la soledad, a lo desconocido, a la pobreza, al ridículo o al fracaso.

Sin embargo, ¿de dónde vienen los miedos que sólo me pertenecen a mí? Surgen principalmente de cuatro fuentes:

  • La carga genética: recuerda que estamos diseñados para reaccionar frente a cualquier estímulo amenazante y activar todas las armas con las que contamos para huir, refugiarnos o enfrentarnos a la amenaza.
  • El contexto sociocultural en el que crecimos: la forma en que fuimos educados, cómo pensaban nuestros padres y los miedos que ellos mismos tenían, así como la carga simbólica e ideológica que nos rodea.
  • Las cosas que hemos vivido: todo en la vida nos marca, pero más aún, aquellas experiencias que fueron dolorosas, angustiantes y estresantes.
  • La información que recibimos permanentemente: así es, estamos tan conectados con el mundo, que todos los días recogemos una cantidad impresionante de datos e información con respecto a lo que sucede en el mundo. Además, los noticiarios dan prioridad a las notas rojas y las comunican de una manera exagerada, ya que les garantiza mayor audiencia. Así, nuestro cerebro está procesando información que traduce en posibles amenazas, por lo que nuestra amígdala reacciona frente a esa información que no es del todo real (no es una amenaza directa hacia nosotros).

Justo en estos momentos podrías preguntarte: “Y entonces, ¿cómo vivo sin miedo?” No se puede vivir sin miedo, el miedo es sumamente importante en nuestra vida: recuerda que te mantiene a salvo y hace que te adaptes mejor a tu entorno para sobrevivir; el secreto está en saber aprovechar los miedos para conquistar tus sueños.

La próxima semana publicaré la segunda parte de “El Miedo: ¿te paraliza o te pone en acción?” ¡No te lo pierdas! Ahí explicaré cómo hacer de tus miedos, tus mejores aliados para alcanzar todas tus metas.

¿Las terapias artísticas me pueden ayudar a identificar y trabajar mis miedos?

¡Claro que sí! Las terapias artísticas favorecen la expresividad y te enseñan herramientas para identificar cuáles son tus miedos, a ponerles nombre, a saber si son tuyos o heredados, si se corresponden con la realidad que vives o si tu percepción de esa realidad está distorsionada. También te ayuda a trabajar esos miedos para lograr hacerlos tus mejores aliados y potenciar tus propios recursos, capacidades y fortalezas, ayudándote diseñar estrategias para vivir la vida que has deseado.

Si crees que necesitas ayuda para identificar y trabajar tus miedos, no dudes en contactarme. Y tú, ¿a qué le tienes miedo?, ¡me encantará que lo compartas conmigo!

2019-07-11T15:36:57+01:00

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