El perdón: un proceso que libera

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Perdonar sana el corazón

 

Lucero Vargas, creadora de los Centros de Reconciliación en Colombia dice que el perdón requiere un pacto de coexistencia, convivencia, renovación de acuerdos y que las personas pasen de ser víctimas a supervivientes, lo que requiere levantarse, reconocer el daño y no dejar que los sentimientos negativos les roben la vida.

 

Fred Luskin, director del Proyecto Forgiveness de la Universidad de Standford dice que perdonar no sólo es una práctica religiosa, sino un componente relevante dentro de una visión amplia de salud mental, emocional y física.

 

¿Qué es y qué no es el perdón?

 

El perdón es un cambio de pensamientos, emociones y conductas negativas voluntarias dirigidas contra la persona que te ha hecho daño, por otras positivas (McCullough, Worthington, Rachal, 1997). Perdonar, no solo incluye este cambio, sino el que te comprometas, por interés, beneficio y salud propios, a desear y querer lo mejor para la persona que te ha hecho daño. Difícil, ¿cierto?

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No perdonar pone una nube gris sobre nosotros

Perdonar no incluye necesariamente la reconciliación ya que no requiere la colaboración o participación de la persona que te ha ofendido. Tampoco implica olvidar lo que ha pasado; el olvido es un proceso involuntario que sucederá o no, al pasar el tiempo.

 

El proceso del perdón, cuando se hace de manera honesta y de corazón, modifica como consecuencia los sentimientos hacia el ofensor. Es un proceso continuo en el que puedes profundizar y con el tiempo, conseguir de verdad la liberación.

 

El perdón no supone justificar la ofensa que has recibido, ni tampoco minimizarla. La valoración del hecho será siempre negativa, dolorosa e injustificable. El perdonar tampoco supone que tengas que levantar la pena al ofensor o que no sufra las consecuencias de sus actos. Perdonar se trata de que dejes de buscar activamente que se haga justica o vengarte del ofensor.

 

Perdonar no es equiparable a ser débil, porque no se trata de dar permiso al ofensor para volver a hacerte daño. Puedes perdonar poniendo todos los límites necesarios para evitar que nuevamente te ofendan. Perdonar es muestra de una gran fortaleza, de saber poner límites, de aprender las lecciones de vida y caminar sin cargas ni resentimientos.

 

El difícil proceso del perdón.

 

¡Claro que es difícil perdonar! Están involucradas muchas emociones, pensamientos, reacciones y conductas. Así que, compartiré contigo algunos pasos que te ayudarán en tu proceso de perdón.

 

  1. ¿Cuándo hay que perdonar?

 

Realmente no creo que exista un momento “perfecto” para perdonar. Eso dependerá de cada persona. También creo que cuando la ofensa y toda la carga emocional que eso ha implicado en tu vida, te roba paz, tranquilidad, felicidad y sólo te mueve a estar rumiando tus pensamientos sobre lo ocurrido, es momento de perdonar.

 

Si te llena el deseo infinito de justicia o venganza o de desearle a tu ofensor que le caigan todas las maldiciones posibles, entonces, puede que sea un muy buen momento para liberarte y hacerlo. Así que, como no existe un tiempo ideal para el perdón, lo mejor será no retrasarlo y disminuir la agonía que el rencor y el dolor suponen. ¡Decide a tu favor!

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El perdón rompe ataduras

  1. Análisis objetivo

 

Si has decidido perdonar ¡felicidades! Ahora sí que empieza el verdadero trabajo. Te sugiero que realices un ejercicio que requiere de tu total voluntad: analiza, paso por paso lo ocurrido. Escríbelo. Cuando hayas terminado, revisa lo que has escrito y quita todo indicio de emoción o valor de juicio, pero sin deshacerte de la primera versión.

 

Una vez que has reescrito lo ocurrido, retoma tu primera versión y realiza preguntas objetivas y analíticas al respecto. Todas las preguntas que puedas hacer ayudarán a tu análisis y a poner objetividad a la situación. Anota tus respuestas.

Ojo, el ejercicio de las preguntas, no tiene que ver con minimizar ni justificar la ofensa, tiene que ver con contextualizar lo ocurrido y a poner un distanciamiento emocional para tratar de entender las motivaciones del ofensor, lo que ayudará a generar empatía con él.

 

  1. Empatía.

 

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Empatizar ayuda a perdonar

¿Cómo que empatizar? ¡Si esta persona fue la que me ofendió! Sí, ya lo sé. Suena muy raro. Pero la empatía te ayudará a disminuir esa rabia, frustración e impotencia que sientes. Cuando puedes entender la situación por la que atravesó tu ofensor en el momento mismo de la ofensa, no es que disminuya tu dolor, sino que ayuda a disminuir tus deseos de venganza y sufrimiento. Empatizar con tu ofensor te recuerda que todos somos seres humanos imperfectos, capaces de cometer errores y que tu tampoco estás exento de ofender a alguien.

 

  1. Elegir perdonar

 

Una vez que hemos contextualizado, puesto distancia emocional sobre el hecho y hemos generado bases de empatía con respecto al ofensor, entonces, podemos detenernos a pensar lo siguiente:

 

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Perdonar es una decisión

¿Cuánta de mi energía, mi tiempo y mi vida pienso regalarle a esta persona que me ha ofendido? ¿Cuánto y qué estoy dispuesto a perder a cambio de pensar, planear, exigir y demandar justicia o cumplir mi venganza? ¿Cuáles de mis valores humanos profundos estoy dispuesto a eliminar para conseguir lo que deseo? ¿Cuánto dolor estoy dispuesto a soportar hasta lograr mi cometido?

 

Si tus respuestas a estas preguntas han sido positivas o afirmativas, regresa al punto uno. Si tus respuestas han sido negativas, felicidades. Estás en el punto exacto en el que crees que es tiempo de invertir tu energía, tiempo y vida en cosas mucho más importantes y a dejar atrás el dolor.

 

  1. ¡Claro que duele, claro que da rabia y es frustrante!

 

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¡Claro que da rabia!

Una vez que has decidido que tu vida, tu tiempo y tu energía son más valiosos que buscar justicia o venganza, es momento de aceptar que lo ocurrido, la ofensa que has recibido, duele y duele mucho. Que ese dolor te genera rabia y te dan ganas de que todos los villanos del mundo, a la vez, ejerzan su maldad para ocasionar el mismo o peor dolor que el que esa persona te ha hecho sentir.

 

Perdonar no tiene que ver con dejar de sentir. Tiene que ver con que no permitas que esas emociones de dolor y de rabia se apoderen de tu vida. Llora, grita, todo lo que necesites para sacar el dolor, la rabia y la frustración que tengas dentro. Pero no dejes que te controlen.

 

Acepta las emociones que experimentas y déjalas que salgan, exprésalas siendo fiel a tus valores humanos, así que no dañes a otros. La aceptación es un proceso que lleva a la transformación, porque una vez que han salido, que están fuera de ti, te liberas y te vacías, para dar entrada a otras emociones que no te dañen.

 

  1. ¡A poner límites y autoprotegerse!

 

Regresa a lo que has escrito. ¿Qué se te ocurre que pudiste haber hecho para evitar salir lastimado o herido u ofendido? ¿Hubo algún indicio o alarma que se disparó antes de que te ofendieran? ¡Apuntalo todo! Anota todas las estrategias que creas son necesarias para protegerte y todos los signos de alerta o alarma que detectaste. Analízalas y estúdialas.

 

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Poner límites, saber decir «no» ayuda a no salir lastimados

 

Saber decir lo que sientes y piensas, así como saber decir “no” a tiempo, o hacerle caso a esa voz interna que te dice “cuidado”, te libera de muchas ofensas. También recuerda que perdonar no implica que vuelvas a exponerte a la misma situación con la misma persona. Implica aprender la lección, poner límites y protegerte.

 

  1. Perdonar de manera literal.
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Perdonar de manera literal materializa el perdón

Puede parecerte absurdo, pero el hecho de que realices una acción simbólica o que manifiestes de manera verbal tu perdón (recuerda: no es necesario que tu ofensor esté presente), ayuda a que empiece a materializarse. Como te he dicho, perdonar es un proceso y en realidad, este último paso, es el inicio del fin del proceso.

 

Podrás repetir los pasos cuantas veces sea necesario. Recuerda que no es algo automático, es una decisión que probablemente tengas que tomar un día a la vez, durante un periodo de tiempo y cada vez que emerjan esas emociones y ganas de vengarte o de obtener justicia. Así que, es cuestión de ejercer el perdón hasta que te liberes.

 

 

¿Las terapias artísticas me pueden ayudar a perdonar y liberarme?

 

¡Claro que sí! Las terapias artísticas favorecen la expresividad y te enseñan herramientas para gestionar mejor tus emociones, potenciando tus propios recursos, capacidades y fortalezas, ayudándote a transformar la percepción que tienes de tu vida y del hecho que tanto dolor te causo, te ayudan a reescribir ese hecho, analizarlo y obtener los aprendizajes de vida permitiéndote diseñar estrategias para poner límites y saber decir “no” a tiempo para protegerte.

 

Si crees que necesitas ayuda para perdonar, no dudes en contactarme. Si tú has implementado alguna otra cosa para perdonar y liberarte, ¡me encantará que la compartas conmigo!

 

2019-06-28T08:39:47+01:00

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